La felicidad duró poco. Joaquín le comunicó que debía viajar por dos semanas para asistir a un seminario médico. Antes de irse, le pidió que planchara uno de sus mejores trajes, un detalle que con el tiempo se volvería un símbolo de la ironía de su destino. Una semana después, la ilusión de Eulalia se derrumbó para siempre. Un compañero de trabajo le reveló la cruel verdad: el doctor no asistía a un seminario, sino que había renunciado al hospital y se encontraba en su luna de miel, pues se había casado con otra mujer.
Muchos enfermeros y médicos del Hospital Juárez han narrado, a lo largo de décadas, haber recibido ayuda de una enfermera que no reconoce el personal activo. la leyenda de la planchada pdf